Un cuento mágico sobre la empatía y la unión.

En el corazón del Valle del Arcoíris, un lugar donde las flores brillaban con mil colores y el cielo cambiaba de tono cada amanecer, vivían los unicornios más hermosos del mundo. Había unicornios de todos los tamaños y tonalidades: unos con crines plateadas, otros con cuernos dorados y algunos con alas tan suaves como las nubes.
Entre todos ellos destacaba Luminia, una unicornio de pelaje blanco brillante y cabellos color fuego. Era alegre, talentosa y muy admirada por los demás. Un día, el Gran Consejo del Valle debía elegir a un nuevo líder para cuidar la armonía del lugar, y Luminia, por su belleza y su voz melodiosa, fue elegida como la nueva Reina del Arcoíris.
—¡Gracias, amigos! Prometo cuidar nuestro valle con amor y alegría —dijo ella, sonriendo radiante.
Pero en el fondo de su corazón, Luminia guardaba un pensamiento poco amable. No soportaba a los unicornios del Bosque de la Niebla, una familia de unicornios grandes, de cuernos torcidos y colores apagados. Los consideraba torpes, poco elegantes y fuera de lugar en el colorido Valle del Arcoíris.
Aunque disimulaba su desdén con dulces palabras, su corazón se llenaba de orgullo y prejuicio.
Durante un tiempo todo siguió tranquilo, hasta que Luminia, convencida de que debía “proteger la belleza del valle”, anunció un nuevo decreto:
—Desde hoy, los unicornios del Bosque de la Niebla no podrán vivir aquí. Su presencia apaga la luz del arcoíris.
Muchos unicornios se quedaron en silencio. Nadie se atrevió a contradecirla. Poco a poco, los del Bosque de la Niebla fueron apartados, tristes y confundidos, hasta que finalmente se marcharon hacia las montañas, donde la neblina los cubría por completo.
Al principio, Luminia se sintió satisfecha. Todo parecía más brillante, más “perfecto”. Pero pronto comenzaron los problemas.
Las flores del valle dejaron de brillar, los ríos perdieron su color, y los arcoíris ya no aparecían después de la lluvia. El aire se volvió denso y el cielo, gris. Sin los unicornios del Bosque de la Niebla, que con su magia controlaban el equilibrio de la humedad y la luz, el valle comenzó a marchitarse.
Luminia no podía entenderlo. Pasaban los días y el color seguía desapareciendo. Una noche, llena de culpa y tristeza, subió a la colina más alta y miró al cielo.
—¿Qué he hecho? —susurró—. Quise que todo fuera hermoso, y terminé destruyendo la belleza de la unión.

Convocó entonces a todo su pueblo y dijo con lágrimas en los ojos:
—He aprendido que no hay luz sin sombra, ni arcoíris sin lluvia. Todos somos diferentes por una razón, y cada uno aporta algo único a este mundo. He sido injusta y necesito su ayuda para enmendarlo.
Los demás unicornios asintieron con emoción. Juntos, galoparon bajo la tormenta, cruzando montañas y valles, hasta llegar al Bosque de la Niebla.
—¡Perdónennos! —gritó Luminia—. El Valle del Arcoíris no puede brillar sin ustedes.
Los unicornios del bosque se miraron entre sí. Su líder, un sabio unicornio de ojos violetas, se adelantó y respondió con voz suave:
—El perdón es el primer paso para que el arcoíris vuelva a aparecer.
Entonces, todos alzaron sus cuernos al cielo, y una luz inmensa iluminó el horizonte. La niebla se transformó en miles de colores, las flores despertaron, y un enorme arcoíris cubrió el valle de punta a punta.
Desde ese día, Luminia gobernó con humildad y amor. Aprendió que la verdadera belleza no está en parecerse, sino en complementarse.
Y así, el Valle del Arcoíris volvió a brillar más que nunca, gracias a la unión de todos los unicornios —los de luz, los de niebla, los de colores intensos y los más suaves—, recordando siempre que cada diferencia puede ser un regalo que enriquece el mundo.

¿Qué nos enseña Luminia en el cuento de unicornios?
Este es un cuento corto enseña a los niños:
La diversidad nos hace más fuertes. Cuando aprendemos a aceptar a los demás como son, el mundo se llena de luz y color.